Busan y Gyeongju
Busan es completamente distinta de Seúl: más abierta, más marinera y con la montaña metida dentro de la ciudad. Y a un día de tren está Gyeongju, que fue capital durante casi mil años y hoy es un campo de túmulos funerarios. Tres días entre el mar y la historia.
Días 7 a 9Día 07 martes, 19 de mayo 239.000 ₩
KTX a Busan
El KTX de las nueve, y en poco más de dos horas ya estás en Busan. Es rapidísimo y se reserva por internet sin complicaciones.
Busan es completamente distinta de Seúl: más abierta, más marinera y con montaña metida dentro de la ciudad.
Subimos a Gamcheon, el barrio en ladera con las casas pintadas de colores, escalonadas unas sobre otras. Nació como asentamiento de refugiados de la guerra y se rehabilitó con un proyecto artístico. Se recorre andando, con escaleras pintadas, murales y miradores.
Y aquí va el consejo que más nos alegramos de haber seguido: subir hasta una cafetería que queda en la dirección contraria a la que va todo el mundo. Las vistas panorámicas del barrio entero son espectaculares y había muy poca gente, porque está fuera del recorrido habitual.
Llegar fue otra historia. Había que coger un bus, la información estaba toda en coreano y no teníamos claro ni dónde subir. Nos ayudó un señor mayor amabilísimo, a base de señas, traductor y un rato de sufrimiento por las dos partes. Nos indicó el bus, nos confirmó la parada y no se quedó tranquilo hasta que vio que lo habíamos entendido.
La tarde la cerramos en la torre de Yongdusan y el mercado de pescado de Jagalchi.


Día 08 miércoles, 20 de mayo 270.218 ₩
El templo sobre el mar
Haedong Yonggungsa fue nuestra sorpresa del viaje. Casi todos los templos coreanos están en la montaña, pero este está literalmente sobre las rocas del mar, con las olas rompiendo debajo. Cuando fuimos estaba lleno de farolillos de colores. Es gratis y queda algo apartado: hace falta taxi o un par de buses.
Después el Sky Capsule, unas cápsulas de colores que recorren la antigua vía del tren pegadas a la costa. Es cortito y no es barato, pero las vistas lo valen. Se reserva con antelación y conviene pensar bien la dirección del trayecto.
Por la tarde, la isla Dongbaek y un paseo en barco por la bahía. Nos lo habían movido de día por la previsión de lluvia y acabó saliendo mejor que el plan original: salimos al anochecer, con el skyline y el puente Gwangan iluminados, y hubo fuegos artificiales desde el barco. Al final te dan un regalo, que no contamos para no chafarlo.



Día 09 jueves, 21 de mayo 228.000 ₩
Gyeongju en doce horas
Excursión de doce horas desde Busan a Gyeongju, que fue la capital del reino de Silla durante casi mil años. Es el único día del viaje en el que nos avisaron por adelantado de llevar efectivo para pagar la comida, así que sacamos en el cajero la víspera.
El centro de Gyeongju está sembrado de túmulos funerarios: colinas de hierba perfectas, enormes, en mitad de la ciudad. Al lado está Cheomseongdae, un observatorio astronómico del siglo VII que sigue en pie. Y a las afueras, el templo Bulguksa y la gruta de Seokguram, los dos Patrimonio de la Humanidad.
Aquí vimos en directo por qué conviene madrugar. En los túmulos se juntaba bastante gente esperando turno para hacerse la foto en el punto bueno, con trípodes montados y diez minutos por persona. Si llegas temprano te lo ahorras entero.
Lo que echamos de menos fue más tiempo en Hwangnidan-gil, la calle comercial de casas tradicionales llena de tiendas y cafeterías. Pasamos con prisa y se quedó en nada. En una excursión guiada el ritmo lo marca el grupo, y esa fue la parada que se llevó el recorte. Si volviéramos, dormiríamos una noche en Gyeongju.

