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Camino cubierto de buganvillas en flor en Hallim Park, Jeju
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Jeju

Jeju es una isla volcánica y se nota en todo: la piedra es negra, hay tubos de lava visitables y el paisaje no se parece nada al continente. Aquí hace falta coche, el tiempo cambia rápido y las mandarinas están hasta en la sopa. Cinco días conduciendo por la isla.

Días 10 a 14

Día 10 viernes, 22 de mayo 196.200 ₩

Volar a Jeju y coger el coche

Vuelo corto a Jeju y a recoger el coche de alquiler. Aquí lo primero: en Jeju necesitas coche. El transporte público existe pero te come el viaje. Y para alquilar hace falta el permiso internacional de conducir, que se saca en la DGT antes de salir.

Conducir allí nos pilló por sorpresa en dos cosas. Girar a la derecha se puede aunque el semáforo esté en rojo, deteniéndote antes por completo. Y girar a la izquierda depende de si hay flecha propia: si la hay, esperas; si no, se gira aprovechando el hueco cuando está en verde y no viene nadie de frente. Confírmalo con la empresa de alquiler al recoger el coche.

La parte buena: la gente conduce con muchísima paciencia. Nadie nos pitó, ni las veces que dudamos en un cruce.

Nuestro plan era empezar por la cueva de Manjanggul, el tubo de lava más famoso de la isla, y nos encontramos con que estaba cerrada por obras de mantenimiento. Compruébalo antes de ir, porque lleva tiempo abriendo y cerrando y no siempre está actualizado en las guías.

Así que cambiamos el plan y dedicamos la mañana a las playas de la costa este, que fue un cambio la mar de agradable: arena clara, agua turquesa y muchísima menos gente de la que esperábamos. Si te pasa lo mismo, no lo vivas como un problema.

Y paramos en el Museo de las Haenyeo, que fue uno de los descubrimientos del viaje. Las haenyeo, literalmente "mujeres del mar", son las buceadoras tradicionales de la isla: se sumergen sin bombonas de oxígeno, a pulmón, para recoger marisco y algas. En una isla donde el trabajo del mar recaía en ellas, eran las que sostenían la economía familiar, y eso le dio a Jeju una estructura social distinta del resto de Corea. Hoy quedan pocas y la mayoría son mujeres mayores. La Unesco lo reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial.

Y la tarde la cerramos en los acantilados de Seopjikoji, una pequeña península con un faro blanco y unas panorámicas estupendas, incluido el Seongsan Ilchulbong a lo lejos.

El museo de las haenyeo, las buceadoras tradicionales de Jeju
El museo de las haenyeo, las buceadoras tradicionales de Jeju
La playa de Woljeongri, en la costa este de Jeju
La playa de Woljeongri, en la costa este de Jeju
Acantilados de roca volcánica en la costa de Jeju
Acantilados de roca volcánica en la costa de Jeju

Día 11 sábado, 23 de mayo 193.000 ₩

El amanecer que se nos llovió

Teníamos un plan bonito: madrugar muchísimo, subir al Seongsan Ilchulbong (el pico del amanecer, un cráter volcánico junto al mar) y ver salir el sol desde arriba.

Nos levantamos a las cuatro de la mañana. Y llovía. Y daban lluvia para todo el día.

Así que reorganizamos sobre la marcha y nos fuimos al Aqua Planet Jeju, que es uno de los acuarios más grandes de Asia y justo el sitio al que quieres poder ir cuando el día se te cae de agua. Tiene tanques enormes de mar abierto y se te va media jornada dentro.

Y escampó. Subimos al cráter más tarde, sin amanecer, pero con una ventaja que no esperábamos: no había casi nadie. Los del amanecer ya se habían ido y los del mediodía todavía no habían llegado. No vimos salir el sol, pero subimos tranquilos y con el sitio medio vacío.

Por la tarde, ferry a la isla de Udo y la aldea folclórica de Seongeup. La lección del día, si vas a Jeju en primavera: ten dos o tres planes de interior apuntados, porque los vas a usar.

Uno de los tanques del acuario Aqua Planet, en Jeju
Uno de los tanques del acuario Aqua Planet, en Jeju
El cráter de Seongsan Ilchulbong, el pico del amanecer
El cráter de Seongsan Ilchulbong, el pico del amanecer
Una casa tradicional de techo de paja en la aldea folclórica de Seongeup
Una casa tradicional de techo de paja en la aldea folclórica de Seongeup

Día 12 domingo, 24 de mayo 146.000 ₩

Cascadas y el cumpleaños de Buda

Ruta de cascadas por la costa sur, y son tres distintas: Cheonjiyeon, Cheonjeyeon (que tiene tres niveles) y, la más espectacular, Jeongbang, que cae directamente al mar. Cerca están los acantilados de Jusangjeolli, columnas de basalto hexagonales formadas al enfriarse la lava, y el mirador de Oedolgae, con su roca solitaria clavada en el agua.

Y este día coincidió con el cumpleaños de Buda, que en Corea es fiesta nacional. Todos los templos del país se llenan de farolillos de colores, y los de aquí, Yakcheonsa y Sanbangsan Bomunsa, no fueron una excepción: el camino de subida estaba cubierto de farolillos y de pequeñas figuras de piedra.

Pasó algo que agradecimos mucho: pudimos entrar dentro del templo. No es lo habitual, porque en la mayoría el visitante se queda en los patios y mira los edificios desde fuera. Ese día la sala principal estaba abierta, con los Budas dorados al fondo y las paredes cubiertas de cientos de figuras talladas.

Y fuera estaban repartiendo comida gratis a todo el que llegaba. Es tradición del día: los templos ofrecen comida vegetariana a los visitantes, sean budistas o no, servida en mesas largas a la entrada. Si tu viaje cae en esas fechas, acércate a un templo. No hay que ser creyente ni pagar nada.

Un apunte sobre los farolillos: en el budismo la luz representa la sabiduría y la compasión, y encender una lámpara simboliza disipar la oscuridad de la ignorancia. Cada farolillo es una ofrenda, y muchos llevan colgada una tarjeta con un nombre y un deseo.

El templo Yakcheonsa de Jeju decorado con farolillos
El templo Yakcheonsa de Jeju decorado con farolillos
Farolillos de colores sobre el camino de subida al templo
Farolillos de colores sobre el camino de subida al templo
Los acantilados de columnas de basalto de Jusangjeolli
Los acantilados de columnas de basalto de Jusangjeolli
La roca de Oedolgae clavada en el mar, en la costa sur de Jeju
La roca de Oedolgae clavada en el mar, en la costa sur de Jeju

Día 13 lunes, 25 de mayo 214.000 ₩

Hallim Park y la costa oeste

Hallim Park fue de lo que más nos gustó de la isla: cuevas de lava, jardín subtropical, bonsáis y un camino cubierto de buganvillas en flor que es una pasada.

Después la playa de Gwakji y los campos de té de Osulloc, que además tiene museo y cafetería.

Aquí toca hablar de las mandarinas. Jeju es famosa por ellas y está todo ambientado: los souvenirs son de mandarina, los dulces son de mandarina y el helado también, y está muy bueno. Es completamente normal ver a gente paseando con gorros de mandarina, chubasqueros y peluches. No es una tienda suelta, es la identidad de la isla entera. Si te preguntas por qué hay dos tipos: la normal es la gamgyul, y la grande y abollada de las fotos es el hallabong, más caro y más dulce.

Y al anochecer, sin planificarlo, lo mejor del día: cruzamos el puente Saeyeongyo, un puente peatonal que lleva a la pequeña isla de Saeseom en Seogwipo, y coincidimos con unas celebraciones. Estaba todo montado con espectáculos de luces. No lo habíamos leído en ninguna guía.

Camino cubierto de buganvillas en flor en Hallim Park, Jeju
Camino cubierto de buganvillas en flor en Hallim Park, Jeju
Una cascada cayendo entre la roca volcánica de Jeju
Una cascada cayendo entre la roca volcánica de Jeju
El puente Saeyeongyo iluminado de noche, en Seogwipo
El puente Saeyeongyo iluminado de noche, en Seogwipo

Día 14 martes, 26 de mayo 114.000 ₩

Día de lluvia y vuelta a Seúl

El plan era pasar la mañana en el Bosque Sanador de Seogwipo, pero volvió a llover y lo descartamos: es un bosque para pasearlo con calma y bajo el agua no tiene ninguna gracia. Se queda para la próxima.

Nos dio tiempo a una parada rápida en la carretera arcoíris de Dodu antes de devolver el coche.

Y tiramos otra vez del plan de interior que llevábamos apuntado, que es el consejo que más repetimos sobre Jeju: el Arte Museum, un museo inmersivo de proyecciones gigantes. Salas enormes donde las paredes y el suelo son pantalla: olas, campos de flores, animales de luz, tormentas. Es de los sitios que más fotos nos dio del viaje.

Y el detalle que recomendamos a todo el mundo: no te vayas sin pasar por su cafetería, que es interactiva. Te sientas, pides, y la mesa y el suelo se convierten en proyección alrededor de tu taza, con flores que se abren y agua que se mueve. Además te proyectan tu propio nombre integrado en la escena.

Por la tarde, vuelo a Gimpo y última noche en Seúl subiendo a la N Seoul Tower. Ese vuelo interno, además, nos dio una de las comparaciones más claras del viaje sobre aerolíneas, que contamos en los consejos.

Una escultura de conejo blanco iluminada en el Arte Museum de Jeju
Una escultura de conejo blanco iluminada en el Arte Museum de Jeju
Proyecciones de colores sobre la mesa en la cafetería interactiva del Arte Museum
Proyecciones de colores sobre la mesa en la cafetería interactiva del Arte Museum